Esta tierra lleva más de dos mil quinientos años habitada, disputada y reconstruida sin interrupción. Casi todos los imperios que contaron en Eurasia pasaron por aquí, y la mayoría dejó algo tras de sí.
Prehistoria
En 1938 el arqueólogo Alekséi Okládnikov halló en la cueva de Teshik-Tash, en los montes de Boysun, el cráneo de un niño neandertal de entre ocho y once años, de unos 70 000 años de antigüedad.
Mucho después, en el primer milenio a. C., llegaron nómadas de lengua irania desde las praderas del norte de lo que hoy es Kazajistán. Se asentaron junto a los ríos de Asia Central, excavaron amplias redes de riego y fundaron ciudades como Bujará y Samarcanda. Situadas en la ruta entre China y Europa, estas ciudades se enriquecieron enormemente y se convirtieron en centros de gobierno y de cultura.

Historia temprana y la Ruta de la Seda
Hacia el siglo V a. C. dominaban la región los estados bactriano, sogdiano y tocario. Cuando China empezó a desarrollar su comercio de seda con Occidente, las ciudades iranias de Asia Central lo aprovecharon para convertirse en centros comerciales. Gracias a una densa red de ciudades en Transoxiana —llamada Maverannahr tras la conquista árabe—, los intermediarios sogdianos llegaron a ser los más ricos de esos mercaderes. El comercio por lo que después se llamaría la Ruta de la Seda enriqueció a Bujará y Samarcanda, y en ciertas épocas Transoxiana fue una de las provincias más influyentes del antiguo mundo persa.
Alejandro Magno conquistó la región en el 328 a. C. y la incorporó brevemente a su imperio macedonio. Su riqueza atraía sin cesar a invasores de las estepas del norte y de China. Los estados sogdianos libraron muchas guerras con sus vecinos, y Persia y China chocaron a menudo por el control de la zona. Los chinos codiciaban en especial los famosos «caballos celestiales» del valle de Fergana, y en el 104 a. C. llegaron a hacer la guerra a Dayuan —así llamaban a Fergana— para conseguirlos.
En esos mismos siglos la región fue un importante centro de vida intelectual y religiosa. Hasta los primeros siglos de nuestra era predominó el zoroastrismo, pero el budismo, el maniqueísmo y el cristianismo también reunieron a numerosos seguidores.

El budismo en la región
Se han hallado huellas del budismo en toda Asia Central, y muchos de sus yacimientos se concentran en torno a Termez, antigua capital septentrional de Bactriana. La principal fuente de la cultura budista que más tarde llegó a China y Japón fue el arte grecobudista de Gandhara —el actual norte de Pakistán y Afganistán—, que floreció aproximadamente entre el siglo I a. C. y el IV d. C.
Desde allí la religión viajó por las rutas comerciales hasta Partia, Bactriana y, más allá, Sogdiana, en el corazón del actual Uzbekistán. En el siglo VII siguió avanzando hacia el norte, hasta el sur de Kazajistán y el norte de Kirguistán. Los monasterios de Kara Tepe y Fayaz Tepe, cerca de Termez, con sus estupas y esculturas, se cuentan entre los testimonios mejor conservados de aquella época.

El Kaganato túrquico
Entre 563 y 567 el territorio del actual Uzbekistán pasó a formar parte del Kaganato túrquico. En 630 y 658 los kaganatos túrquicos oriental y occidental fueron derrotados por la dinastía Tang de China.
Bajo el Kaganato túrquico occidental (603–658) creció la influencia política de los túrquicos en Sogdiana. Se asentaron en los oasis, desarrollaron la antigua escritura túrquica, y algunos gobernantes de Bujará, Chach (Taskent) y Fergana acuñaron su propia moneda. Parte de los túrquicos de Bujará adoptó el cristianismo, otros el budismo o el zoroastrismo, pero la mayoría conservó sus creencias tradicionales: veneraban a Tengri, dios del cielo; a Umay, la diosa madre; a Yer-sub, espíritu de la tierra y el agua, y a Erklig, señor del inframundo.
El primer periodo islámico
La conquista árabe de Asia Central, completada en el siglo VIII, trajo la religión que sigue siendo mayoritaria hoy. Los ejércitos árabes entraron por primera vez en Transoxiana a mediados del siglo VII. Divididos y sin líderes fuertes, los sogdianos y otros pueblos iranios no pudieron resistir mucho tiempo a las tropas del general Qutayba ibn Muslim. El islam se extendió poco a poco, y el futuro de la región como parte del mundo islámico quedó sellado con la victoria árabe sobre un ejército chino en la batalla de Talas, en 751.
El dominio árabe directo fue relativamente breve, y Asia Central conservó buena parte de su carácter iranio como centro de cultura y comercio. En el apogeo del califato abasí, en los siglos VIII y IX, Transoxiana vivió una auténtica edad de oro. Bujará se convirtió en uno de los principales centros de saber, cultura y arte del mundo musulmán, a la altura de Bagdad, El Cairo y Córdoba. De esta región salieron algunos de los mayores sabios de la historia islámica —al-Bujari, al-Tirmidhi, al-Juarismi, al-Biruni y Avicena—, y Omar Jayam también trabajó un tiempo en Samarcanda y Bujará.
Cuando el califato abasí se debilitó, tomaron el relevo dinastías iranias locales. Bajo los samánidas, la rica cultura persoislámica de Transoxiana siguió floreciendo, con el persa como principal lengua de la literatura y del gobierno.

Gaznávidas, karajánidas y dinastías posteriores
A partir del siglo VI, los nómadas túrquicos siguieron llegando a Asia Central desde las estepas del norte, y muchos se alistaron como soldados en los ejércitos samánidas. A finales del siglo X, cuando los samánidas perdieron el control, algunos de estos jefes militares túrquicos se hicieron con el poder y fundaron sus propios estados.
El primer gran estado túrquico fue el Imperio gaznávida, fundado a finales del siglo X. Poco después llegaron los karajánidas, que tomaron Bujará en 999 y gobernaron Transoxiana durante los dos siglos siguientes, con Samarcanda como capital de su estado occidental. Más tarde los selyúcidas derrotaron a gaznávidas y karajánidas y convirtieron a estos últimos en vasallos.
A finales del siglo XII, una dinastía túrquica de Corasmia —los corasmios o jorezmshahs— unió Corasmia, Transoxiana y gran parte de Irán. Bajo gobernantes como Qutb ad-Din Muhammad y Muhammad II, la región siguió siendo próspera y conservó su identidad persoislámica.
La invasión mongola y la era timúrida
Entre 1219 y 1221 los ejércitos mongoles de Gengis Kan invadieron y arrasaron la región. Bujará, Samarcanda y Urgench fueron saqueadas, y muchas comunidades de lengua irania tuvieron que abandonar sus tierras.
Siglo y medio después, con Tamerlán (Timur), Transoxiana vivió su último gran florecimiento cultural: el Renacimiento timúrida, con centro en Samarcanda. Timur y sus herederos levantaron los monumentos que todavía definen el perfil de la ciudad, y su nieto Ulugbek la convirtió en una capital de la astronomía. Tras la muerte de Timur en 1405 su estado se fue desintegrando, y hacia 1510 las tribus uzbekas encabezadas por los shaybánidas habían conquistado toda Transoxiana.

Kanatos, colonia, república
Hacia el siglo XVIII la región se había asentado en tres estados rivales: el Emirato de Bujará, el Kanato de Jiva y el Kanato de Kokand. El Imperio ruso los tomó uno a uno —Taskent en 1865, Samarcanda en 1868, Jiva en 1873, Kokand anexionado en 1876— y gobernó el conjunto como Turkestán. El algodón desplazó buena parte de los cultivos alimentarios, una decisión cuyas consecuencias alcanzaron al mar de Aral un siglo después. En 1924 el trazado soviético de fronteras dio lugar a la RSS de Uzbekistán, con una forma parecida a la del país actual. La independencia se declaró el 31 de agosto de 1991 y se celebra cada 1 de septiembre.
