
Nacido en Bujará, pasó dieciséis años viajando y cotejando relatos, descartó todo salvo una pequeña parte y produjo la colección que los suníes sitúan justo después del Corán.
Un niño con memoria prodigiosa
Muhammad ibn Ismail al-Bujari nació en Bujará en el año 810 y perdió pronto a su padre; lo crio su madre. A los diez años asistía ya a clases de hadiz y a los dieciséis había memorizado las colecciones de los sabios anteriores. Tras la peregrinación a La Meca se quedó en el Hiyaz e inició los viajes —a Bagdad, Basora, Kufa, Egipto y Siria— que ocuparon las décadas siguientes.
Dieciséis años de criba
Se dice que escuchó unas seiscientas mil narraciones y conservó solo unas siete mil, contando repeticiones, para su al-Yami al-Sahih. Su criterio era la cadena de transmisión: cada narrador debía ser fiable y haber podido conocer al anterior. El resultado, compilado durante dieciséis años, es considerado por los musulmanes suníes el libro más auténtico después del Corán.
Destierro y Jartank
La fama trajo conflictos. Cuando el gobernador de Bujará exigió clases privadas para sus hijos, al-Bujari se negó —el saber, dijo, debía enseñarse abiertamente— y tuvo que abandonar su ciudad. Murió en 870 en la aldea de Jartank, cerca de Samarcanda. El complejo conmemorativo levantado en torno a su tumba, reconstruido a gran escala en 1998 y ampliado después, es uno de los lugares de peregrinación más visitados de Uzbekistán.
Logros principales
- Compiló el Sahih al-Bujari tras cribar cientos de miles de relatos
- Estableció criterios rigurosos para autentificar una cadena de transmisión
- Su santuario cerca de Samarcanda sigue siendo un gran lugar de peregrinación